Mi abuela materna se tiró toda la vida que compartió con mi abuelo materno (sólo faltaba) quejándose del envenenamiento-fumador-pasivo que sufría por culpa de éste. Llegaba a ser hiriente.
Durante sus tres años de lecho de muerte (sus de él), ella le encendía los cigarrillos.
Él nunca fue creyente, pero en esos tres años rezaba, bebía agua bendita y demás lindezas aunque, merece ser dicho que también veía gatos por toda la habitación, gatos inexistentes que mi abuela espantaba con el palo de la escoba.