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20051101144625-cascada.jpgEl tiempo, Elena,  carece de movimiento. Vagan  inmersos en él  por  acte gratuit  cada uno de los componentes, portando cada cual su raído  rázago hacia un mismo  fin, si bien  en distintas direcciones.
01/11/2005 11:05 Hay 2 comentarios.

Es un archivo de audio. Me resultó divertido cuando lo recibí en el móvil.

 

 

JUA, JUA, JUA


 

06/11/2005 23:41 Hay 1 comentario.

Eheu! fugaces labuntur anni

Obligado a  permanecer en aquel poblado durante el verano a causa del mal que padecía, conseguía, con ayuda de las hijas pequeñas de mi amigo Carrillo, arrastrar no sin grandes fatigas el cuerpo fuera de la hamaca. Me sentaban a la puerta de su casa,  bajo aquel gran árbol,  con la espalda sujeta en el firme tronco y descansando los  antebrazos sobre las rodillas flexionadas. De tal postura me complacía cuidando sin cuidado el transcurrir de las horas y los avatares de los pobladores de una u otra especie pues tanto caso hacía  a la actividad humana como a perros, gansos, micos, guacamayas, cotorras y gallinas.
 Trabé, por  motivo de aquel forzado sedentarismo,  muchas conversaciones  y amistades con los ancianos del lugar  relegados, como yo,  a la pura contemplación y  espera de que el sol  y  la luna intercambiasen sus figuras, peinados y vestidos una y otra vez en el firmamento.
Acudían  todos ellos sin acuerdo que mediara e iban juntándose  las sombras de sus personas y de sus palabras alrededor del árbol, yo asentía agradeciendo todo parabién  referente a la mejoría de mi salud  y con los ojos cerrados revivía cada una de sus historias, mezclándolas con las mías propias.
Escuchaba  como  afilar hachas y machetes con piedra y agua, como curar el moquillo a los perros,  tirar un gato del tejado sin tocarlo, agujerear piedras, pulir jade y obsidiana, preparar  curare y manzanillo, soplar la flauta, construir sólida techumbre , sacar con  humo los malos vientos del costado,  pescar con las manos, trabajar abalorios de chaquira,  librar al cuerpo de los vermes, ayudar a  yegua  en el parto, sujetar caballo, calmar muelas enfermas con clavo,  salar y cuerear, colocar  hueso dislocado,  hacer buen guarapo y  tostada, curar migraña, recoger miel del árbol, hablar a los dioses para la sementera, espantar al diablo y cuantas cosas mas son  verdaderamente necesarias y  hacen servicio al  hombre que se precie de sensato.
El bravo  Don Benito que llamaban también   “el Moreno”, Don Julián  al que decíanle “Mayalito”, Don Pedro “Jaguar”, Don Nazario  “Ocoguaje”, Miguel  “Templo viejo”, Simón “el Mocho”, Don Nereo “Campuso” brujo, mitad médico y mitad salvador de las contadas  almas salvables del sitio y algunos otros que tengo ya  perdidos por los malos trances al recuerdo que,  a la larga gasta por gastado  el tiempo , eran excelsos  maestros en el arte de la “todería” que es en definitiva el  lance profundo y difícil de dar trasgo  a la vida que de regalado  nos cae.

 

08/11/2005 20:37 Hay 13 comentarios.

Aguirre

Un amanecer vi llegar  por la vereda del remanso, a contraluz y  entre el polvo que levantaban  el ganado y la  reata de un  aguador, al padre  Michel de la mano de la pequeña de los Carrillo. Aquel misionero había cambiado  la comodidad del cuerpo en la ciudad de las luces por la entrega del alma en tierras de los yaguas. Aún se reía y me hacia reír cuando después de unos traguitos se relajaba y contaba que habiendo nacido urbanita tenía el convencimiento de que los melones colgaban de los árboles.

Luego de saludarnos me explicó el motivo de su visita.

-Hay un ranchito a unos 15  kilómetros al poniente, es  propiedad de un español, Don Encarnación Aguirre, un alma buena y en paz con dios y los hombres. Enterado de la  existencia de otro español  en estas tierras,  te  ruega  que le hagas una visita.

Dos días después, en compañía de un burrito ensombrerado que miraba con recelo a su alborotado y alborotador  jinete, la pequeña Carrillo empeñada en estorbarme cuanto le fuera posible, me encaminé al ranchito de mi compatriota.

En la entrada, tal y como esperábamos por los ruidos que tenían en la maleza y que se venían escuchando desde cientos de metros antes, nos salieron al paso unos hombres armados y  buenamente  me invitaron a entregarles  en custodia las armas y la carrillera  que portaba y el machete que usaba para abrirme camino entre la vegetación, no dejándonos  mas que la fina varita con que la niña arreaba a su montura.

-Ahora está usted bajo nuestra protección.

-Dios me libre de verme en tal trance, pensé.

Cumplimentado el trámite y puestos los guardianes en conocimiento de la razón de nuestro viaje, nos indicaron el sendero que  culebreando nos conduciría  hasta la casa, advirtiéndonos seriamente con palabras y miradas arremolinadas que por ninguna mala idea nos desviásemos.

Algunos metros más allá, lejos de cualquier mirada, Consuelo se metió disimuladamente una mano bajo las faldas.

-Ya, tomad el fierro vos.

Era una gran hacienda, caballos ovejas  y terneras compartían la ternura del valle y el  pasto que crecía a su antojo de tanta tierra como había, grandes bandadas de pájaros volaban de un lugar a otro, una casa rojiza había sido alzada sobre una loma verde bien apartada de las caballerizas  y corrales  y daba buena cuenta con su esplendor de la riqueza del propietario.

Descabalgué a la niña  y me  dediqué a enlazar las patas del animal para que no se alejara demasiado. Antes de haber terminado, Don Encarnación estaba a nuestro lado acompañado de un puñado de sirvientas y algunos jornaleros.

- Ah huevos  !!!, un español!!!, Señoras!!!  Un hijo de mi misma madre!!! Vamos, Vamos, deje eso, venga conmigo, vamos

 Después de las presentaciones y la comida, el viejo encendió un par de puros, me pasó uno y  en respuesta a mi pregunta acerca de la calidad del sonido del instrumento, comenzó a tocar una vieja guitarra de acacia  y a  entonar algunas canciones nacidas en  trincheras republicanas que aún  recordaba.

Aguirre, entristecido por la nostalgia y los tragos de caña  me narró su historia, aquel viejo republicano  había estado en dos guerras y había penado el sudor por medio mundo hasta topar con la fortuna en Paraguay:

No fue una guerra de ideales como la cuentan los pendejos.  A mi modo de ver las cosas, el gobierno republicano no tuvo percance alguno hasta que comenzó a  desestabilizar a golpes de decreto ciertos grandes monopolios, entonces  se fraguó la guerra española. Busque usted quien se enriqueció al terminar la contienda y sabrá quien la provocó, ¿Qué necesitaría usted para trasladar a un contingente de tropa de un lugar para otro, para proporcionarles armas, munición y avituallamiento? ¿Grandes ideales? Mamadas, no, pura plata. En aquel momento hubo quien la puso a disposición de los sublevados, pero no regalada, no por ideales………

Estuve en varios frentes con las tropas democráticas internacionales, los españoles creíamos que  después liberaríamos España de la dictadura de Franco. Sin embargo no ocurrió así, nos abandonaron y,de un día para otro, me encontré sin patria a la que volver, sin dignidad y sin futuro. La satisfacción que sentía se fue volviendo amargura y resentimiento,  aquellas dos guerras me  acabaron la juventud, los sueños y perdí las esperanzas de que se nos reconociera el esfuerzo ¿se imagina? …………………

¿Políticos? No me hable de gallinas corraleras que escapan al primer disparo y regresan cuando todo acaba, así son  estos y así eran aquellos, examine usted su historia laboral, que le digan en que trabajaron si es que lo hicieron.

No se fíe de los tiempos de calma, ni piense que jamás le tocará,  hágame caso, esté  siempre preparado. Si lo vienen a buscar para un fregado, échese con sus armas de cabeza  a lo más hondo de la  manigua y mate  sin duelo a quien lo venga a matar, no sea un borrego como yo lo fui.

Recuerdo a Encarnación Aguirre apoyado en su bastón,  los ojos felinos con el brillo fiero del batallador, las delicadas  manos cansadas de  raspar las penas y  los recuerdos,  un hombre bravo que escuchaba a su  corazón.

24/11/2005 22:07 Hay 1 comentario.


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