
Ella nunca lo supo pero ella era.
La misma que había nacido de su madre.
La misma que bebía su café.
La misma que usaba sus pañales, más tarde sus compresas;
sus pañales después.
La misma que le fruncía el ceño desde el espejo.
Entre espejismo y espejismo creyó verse.
Al menos inténtalo.
Si puedes, vete.
Ve-te.