
Fueron, las primeras que recuerdo, tormentas que arrastraban con sus aguas procesionarias y arañas , agujas de pino , hojas de madreselva y arizónicas , tardes de escuela impregnadas de extrañeza y zapatos desconocidos , atronadores latidos del ingrávido mundo que a los ojos del rayo se asomaba, arcos coloridos y aromáticos pétalos en el alma inmaculada, chapoteos de niño en el dúctil barro, rondónicas miradas de cándido pez atrapado en las horas del efímero chilanco.